Púlpito

Homenaje a Francisca Granados

¿O debería decir mujeraje? Con tanta igualdad que no es igualitarismo, ya ni me aclaro. ¿Una jueza es imbécil o imbécila? El caso es que llevamos un verano con la Justicia —que no Justicio— de periplo entre sus principios fundacionales y la idiocia politiquense, y ahora que el invierno ha llegado toca sentar en el banquillo a los sospechosos habituales.

El primer sospechoso se llama Veinticuatro Mil Millones de Euros; son los fondos europeos que se destinan a combatir la “violencia de género” en España. Si te pones a hacer cálculos, son muchas barras de pan. Lo que pasa al seguir contando es que alguien termina diciendo que no le salen las cuentas. Una década de “Ley integral contra la violencia de género” apenas ha salvado a veinticinco mujeres al año de morir, si además obviamos la ofuscación de los hombres y niños que fueron sacados del conteo público del INE y hacemos oídos sordos a los problemas colaterales que alimenta. Y eso que existe una miríada de asociaciones subvencionadas, muchas de ellas vinculadas al PSOE; también cobran partidos, medios y fuerzas de seguridad en forma de recursos. Hasta alguna universidad se sube al carro con cursos y seminarios. Huelga decir que la violencia de género copa la agenda pública, y hoy se le da más importancia que nunca. Con todo, asumamos la paradoja de que con tantos fondos y dedicación los resultados podrían ser mejores.

Ante una lucha tan pírrica, no hace falta ser machista, ni cisheteronormativo, para preguntarse dónde ha ido todo ese dinero. En la línea de Bruselas, que no debe sospechar nada en un país lleno de pufos públicos donde los partidos llevan décadas comprando votos con subvenciones. Por mi parte, me conformaría con pensar que los resultados no han sido los adecuados porque la estrategia y las tácticas no fueron las correctas, y estamos tirando mucho dinero por no saber arreglar el problema. Pero a la luz de los hechos me inclino a pensar que existen personas de corte mezquino, psicopáticas, a las que todo esto de las mujeres apaleadas les viene de perlas para su nómina —como lo digo: gente haciendo pasta con el miedo y las personas muertas— y no tienen nungún interés en reducir el problema.

Rueda de prensa. Exterior. Día. Aparece Francisca Granados —segunda sospechosa—, una pseudoabogada que dice ser “asesora legal”. No contenta con las dudas razonables sobre el caso de Vanessa Skewes, decidió ponerse la toga imaginaria para asesorar a Juana Rivas, madre de dos, ex pareja de uno. Dice que Juana, que a ojos de la Justicia secuestra a los menores por segunda vez, “quiere seguir luchando dentro de la legalidad”. Lo que no cuenta La Paca es que “la legalidad” ya se ha pronunciado. Lo que obvia, que de haber estudiado Derecho ella conoce los cauces legales y está obrando contra múltiples juzgados a sabiendas de que no lleva razón. Francisca sabe lo que es prevaricar, y lo poco que le gusta a un juez que alguien tenga motivos para imputárselo. Si un juez —o jueza, o juezo— dictamina algo, lo hace consciente de que la villanía le puede costar el puesto —no como a Paquita, que tiene toda la cátedra que quiera para dar entrevistas y seguir cobrando—.

Francisca Granados es una de esas personas que calienta sillas en oficios públicos, diciendo que ayuda sin tener que dar cuentas de sus resultados. Me pregunto cuántas personas como ella están jugando a dirigir procesos en los que no son competentes, amparadas por títulos impostados, por alcaldes o catedráticos que utilitarizan los espacios de libre designación para colocar mindundis que les aferren al puesto. Ya lo dijo Pablo Iglesias: la política se parece a Juego de Tronos.

En este periplo contra la injusticia, la paladín —o paladina— Granados demostró su falta de tino al  escribirle a un muerto pidiendo absolución. Hasta el Consejo General de la Abogacía Española tuvo que desdecirle de las funciones que se atribuía. Hasta los políticos han dejado de nombrar el caso. Esa es la talla de una supuesta asesora, que de atrás venía conculcando la separación de poderes para convertir un tema jurídico en un asunto mediático. Supongo que ella estudió qué es un “secreto de sumario” y cuándo se dicta; por eso decidió que era el tiempo del Ejecutivo y el Cuarto Poder para doblar los cauces firmes que la Justicia impone, y tratar de influir en el juez desde la coerción social, y en el Ejecutivo para que considerase el indulto. Lo que viene a ser una invitación al derecho personalicio, como aditivo al derecho penal de autor que denunciaba el juez Francisco Serrano. (Aquí han estado ávidos Los Replicantes y ElDiario.es, que practicando un periodismo fundado en ignorar los datos que desdicen sus tesis, han construido un relato contra Francesco Arcuri que bien podría adaptarse para la segunda parte de El Resplandor: In Dubio Pro Reo).

Resumiendo: una falsa abogada que induce a un secuestro internacional donde se asume que la justicia italiana es incompetente, que motiva una denuncia instrumental por violencia de género a toro pasado y en otro país, que incita a un segundo secuestro después de varias resoluciones desfavorables, que ayuda a la ocultación y motiva un linchamiento contra otro civil —el padre— involucrando instituciones, y defiende absurdos como que la justicia será justa cuando te dé la razón, merece un castigo ejemplar. Al margen de ese mantra que dice que Francesco Arcuri fue condenado por maltrato, al margen de los niños secuestrados, al margen de la inquina o el terror de Juana, es hora de que la gente tonta pague por sus tonterías en lugar de sentar jurisprudencia. No se puede inducir a terceros a cometer delitos y escapar de sus consecuencias.

Y en otro ejercicio de disfunción intelectual, La Paca se ha buscado un abogado penalista para defender su inocencia tras acogerse a un “secreto profesional” inexistente. A estas alturas, no sé qué entiende una persona así por hipocresía. Entiendo que de inteligente tiene su capacidad para convertir el terreno de la legalidad en una tierra de nadie politizada, servida a los partidos para hacer proselitismo de cara al electorado. Digo sin miedo que si una ínfima parte de quienes se han pronunciado en los medios eran letrados, la razón es que cualquier docto —o docta— sabía que la actuación de Granados carece de fundamento, y que criticar el proceso era el equivalente mediático a defender al padre y con ello al sistema patriarcal. Es lo que tiene ese dogma de que “en España no hay prensa amarilla”, porque toda lo es. Así que hemos tenido un verano de Pensamiento Único, con las redes sociales copadas de medias verdades y recortes sin fuente, opiniones de una psicóloga interesada y politiquenses hablando en general como si esta jesta fuese parte de su causa.

Con frecuencia se niega el hembrismo o pone en duda el término feminazi; es legítimo, si amparados en los datos luchamos por “la igualdad de derechos y oportunidades para hombres y mujeres”. Lo que evidencia Francisca Granados es que, al margen de aquellas personas que trabajan por un mundo más justo, las hienas existen. Existe una jauría de personas ávidas de los réditos de la violencia de género, esperando en la sombra de sus sueldos públicos para torcer y escalar una disputa de pareja hasta que parezca una afrenta de machos oprimiendo hembras —o hasta que su trabajo parezca servir para algo—. Francisca: tú eres la feminazi, la hembrista, y de paso la tonta del bote. Francisca: quisiera verte desesperada, con dos hijos, siendo Juana la que te invite a sacarlos de su ámbito jurídico, a secuestrarlos con el apoyo de tu familia, a dar incierto testimonio sobre el padre y hacer el circo de las firmas delante de las cámaras con otra mujer que de forma probada mentía. Francisca: te deseo lo peor, que seas un hombre como Francesco y secuestren a tus hijos, que esperes año y medio al calor de los focos y los insultos, que tengas que aguantar el torrente de críticas falsas contra tu negocio en Internet porque una falsa letrada se ha emocionado mandando notas de prensa. De hecho, Francisca, te deseo algo peor: que sean las feministas, las personas que se calientan los sesos cada día por proteger a los menores y las personas vulnerables, y la sociedad, quienes te den la espalda, como tú se la has dado a la Justicia que dices representar.

Deseo que un día necesites veinticuatro mil millones de euros y te preguntes dónde están.

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