intelectuales, internet

IntelectuAPPLEs y culebrones digitales

No es que uno guarde rencor contra nadie en particular. Es que uno acaba guardando rencor contra todos.  Si  no es por la prepotencia y el “telamentodobladaísmo” de la marca de Steve Jobs, es por la desidia de los comerciales de Dell, que parecen interesados únicamente en compras al por mayor. Me siento en un estado de las cosas viciado por un agente extraño que desconozco. Es como si todos los que tienen los medios para diseñar confabularan contra que yo diseñe. Hijos de fruta…

Llevo semanas lidiando contra un enemigo invisible: la tienda de Dell. Semanas de “déjanos tu teléfono y ya te llamamos”. Lo mejor es que yo quería el Dell Precision M6400 Mobile Workstation; lo peor, que el día en que lo voy a comprar lo descuelgan del catálogo y me intentan hacer entender que es imposible comprarlo. ¿Por unas horas?

Para más INRI, el modelo en cuestión está disponible en el resto de catálogos internacionales de la marca.  Esto es satánico. Después de darme el callo con que no, que no y que no, resulta que lo vuelven a colocar en la web. ¡Cabrones! Y de pronto… ya no está. ¿Qué demonios es esto? ¿Tienen algo contra mí? No volveré a visitar 4chan, si eso es lo que quieren.

Con toda mi calma (y con mis herramientas de pinchar teléfonos), os regalo la última conversación hasta el momento. Perdonad mi voz quejumbrosa, arruinada y llorica:

Entonces uno piensa sandeces como comprarse un Apple. Un “mac”, una de esas piezas de bisutería abandonadas secretamente por una firma que ha preferido gastar sus fondos en reproductores MP3. Y es que, si tienes una buena campaña de marketing, da igual lo que hagas, que no se va a notar (o sí). El despegue de Apple se calificó de milagro económico, lo que no quita que sus recursos sigan siendo limitados: exactamente igual que en cualquier otra aparte del cosmos. No voy a ser yo quien os diga por qué las listas de especificaciones dan una de cal y otra de arena. No están mal, pero no son lo mejor.

Tampoco quiero parecer un talibán ortográfico (aunque de sobra todos sabemos que lo soy), pero tengo cierto dolor visual causado por el becario que prepara las piezas de texto de la Apple Store:

ootropijama

Esto no da buen rollo, chavales. Papá: tu niño no le está sacando partido al colegio privado. ¿”O otro pijama”? En mi pueblo es “u otro”.  Ya sabéis: que si hay gente de diversas culturas, hablamos de “musulmanes e hindúes”, por la misma razón: no seser pepedantes cocon rerrepeticiones eevitables. Menos aún si lo van a grabar con láser para toda la vida (digo yo). Con lo que cobran, bien podrían pagar un filólogo; no hablan mucho y comen poco.

Filólogo: persona que sabe filología.

Pero, ¿queréis una buena razón para no comprar un Apple? Que este hombre tiene uno:

applecoupe

Que la gente se ponga la manzana en el coche porque tienen un complejo de inferioridad que tratan de suplir con la pertenencia a un grupo con valores positivos, pasa. Que el concepto tecnológico de informática se haya subvertido hasta llegar a un concepto emocional y propagandístico alejado de las especificaciones técnicas, pasa. Pero, que un quinqui/cani/johnny/chungo/bakala valenciano crea que por comprar un Apple va a ser más inteligente, y lo demuestre haciendo alarde de su horror vacui, no pasa.

Yo no quiero tener un Apple porque no quiero tener nada en común con él. Soy ateo pero ¡DIOS! Esa insoportable necesidad de simetría (donde una manzana ha sufrido daños) me revuelve las entrañas. Es un quiero y no puedo. Es matar mosquitos a cañonazos. Es regar las plantas con orina para que salgan flores amarillas. Es el colmo de hasta dónde ha llegado la apariencia frente a la sustancia. Es un esfuerzo inútil por parecer alguien. No hay “chicha”, ni “chichi”, ni “molla”, ni nada parecido de donde pueda sacar. Sencillamente, esto es tan surrealista que cuando el tipo nació la conversación fue así:

– Doctor, ¿es niño? ¿Es niña?

– No. Es… gilipollas.

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