Púlpito

Motivos y desmotivaciones

—¿Diga?

—¡Hola Chojín! Soy yo, Moha. Llamaba por lo de la entrevista.

—¿La del racismo?

—Sí, esa. ¿Te importa retrasarla un día? Ha surgido una manifa sobre el tema y tengo que cubrirla. Misma causa.

—No pasa nada, una causa es una causa. Si quieres pásame el evento y salimos juntos.

Soy fan del Chojín desde el instituto. Me lo imagino con una ceja levantada, intentado entender qué es eso de racializadxs. Lo de euroblancxs no habría por dónde pillarlo.

—¿Pero esto no es cosa de todos?

—Todos y todas.

—Vale, todos y todas. Se trata de defender una causa.

—¡Y eso estamos haciendo!

El Chojín pensaría sobre No más, Ser… es difícil, Soy y no soy, y ese tipo de canciones.

—No Moha, lo que estás haciendo es recalificar a las personas por el color de su piel. Tú eres negro, y estás gritando quién puede defender tu negrura en función de sus apariencias.

—Creo que no lo has entendido…

—No es que no lo entienda, Moha, es que me parece hipócrita.

En este punto Moha Gerehou entraría en un bucle de inconsistencia. Domingo Antonio Edjang Moreno tendría que hacerle un dibujo: muchos símbolos improvisados, rodeados todos entre un círculo casi perfecto. Luego El Chojín elegiría unos pocos y añadiría:

—¿Ves? Si solo elijo a unos pidiendo tolerancia, ¿cómo convenzo de que la tolerancia es cosa de todos?

—Y todas.

—Y todas—, añade marcando a los “enemigos” improvisados en el papel. —¿Y si alguno, de entre todos estos, está de acuerdo contigo y no se junta no por su voluntad, sino porque eres tú quien le está repeliendo?

Moha piensa un momento. Quizás haya hombres blancos, cis, hetero, que le defenderían si no fuese porque les estaba ofendiendo. Quizás incluso hubiese algún falangista, confundido tras tanto cura pedófilo. En ese momento se iluminó, y pasó por su sesera un conato de destello.

—Pero si se ofenden, será culpa suya…

El Chojín se masajea las sienes, empujando varias décadas dedicado a promover la igualdad, la tolerancia y la cultura por un mundo más justo.

Hay quien se prevale de su condición para tener motivos. Supremacistas blancos que piden a la estirpe errónea fuera de su patria; pobres de solemnidad; negros, curas, rubios, mujeres y mulatos, católicos protestantes y musulmanes inmigrados: a cualquiera le sobran razones que promocionen sus causas. Pero la condición humana es humana —feat. Rajoy—, y resulta tan fácil confundir mensaje y mensajero como difícil ganar sin promover la idea de un Enemigo Único. Es en este punto donde me chirrían las manidas “causas”.

Si en aras de la justicia se resuelve enfocar la inquina contra otros grupos, apoyarse en opresores generalistas que de ningún modo pueden vencer su voluntad hacia nuestra “causa”, es de recibo que la gente intelectualmente dotada cuestione si no estarás creando nuevas desgracias. El Pecado Original no tenía que ver con las mujeres, y aquí todavía sobra gente coherente que entiende que no es necesario derivarlo hacia ninguna otra parecela. Los Paladines de la Justicia Social alientan con frecuencia situaciones de verdad subrrogada; hablando de “la posverdad”, razonando con emociones conductas que complican aún más resolver la jugada sin víctimas.

Si alguien lee estas líneas entiendo que diga que “habla de racismo porque es negro”. Ahí es donde me dais la razón. Esta es precisamente la idea incorrecta: los obreros hablan de obreros, las mujeres de mujeres, los niños de los derechos del niño y los animales convencen a más vegetarianos. Hemos confundido una pieza de nuestro código genético —el mensajero— con una idea capaz de vivir entre relaciones sinápticas —el mensaje—. Esto supone insultar la propia inteligencia, más si se hace desde una condición que ignora todas las demás. También sobran personas acomodadas que, compartiendo una característica con un grupo oprimido, hace caja levantándose como represente de una multitud que no le ha elegido. De esto sabe mucho ElDiario.es, donde una mujer vende libros sobre y habla acerca de su personal feminismo; un africano gestiona asuntos raciales de manera racista; y su director se toma su dosis de amarillo porque es periodista; o periodisto.

¿Es justo pedir tolerancia sin practicarla? De toda esta sopa dialéctica y propagandas cruzadas, con todos —y todas— “demócratas” buscando el bien para el pueblo, me quedo con Mateo 7:15-20, que no necesita ni Pío Moa ni Marx, ni dictaduras ni dictablandas para evidenciar cómo juzgar la jugada:

15 Guardaos de los falsos profetas, que vienen a vosotros con vestidos de ovejas, pero por dentro son lobos rapaces.

16 Por sus frutos los conoceréis. ¿Acaso se recogen uvas de los espinos, o higos de los abrojos?

17 Así, todo buen árbol da buenos frutos, pero el árbol malo da frutos malos.

18 No puede el buen árbol dar malos frutos, ni el árbol malo dar frutos buenos.

19 Todo árbol que no da buen fruto, es cortado y echado en el fuego.

20 Así que, por sus frutos los conoceréis.

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