Púlpito

Juana Rivas, y lo que no me cuadra

Vaya por delante que el maltrato emocional, el machismo y el abuso de poder son conceptos que condeno. Saber leer entre líneas es fantástico, pero invito a quien me lea a mantener una crítica laxa; no vaya a ser que el bosque no le deje ver los árboles. Si alguien piensa que hay datos que desconozco, dejo la sección de comentarios para que me ilustren.

Leo en las redes que una madre lucha por no devolver a los hijos con su padre, en Italia. Resulta que sus hijos llegaron a España el verano pasado, justificando la marcha como unas vacaciones. Por lo que se deduce de la noticia, fue entonces cuando habiendo consumado el divorcio la madre interpuso una denuncia por violencia de género en España. El padre, del que me gustaría tener más detalles, ya tenía una sentencia firme por maltrato de 2009. Pensando en el historial del macho, la madre no pidió la custodia en Italia, y resolvió no devolver a los hijos.

Tengo un caso familiar en similares circunstancias: donde el padre, convencido de que quería ver a la hija que su madre retenía, dijo que “no me la llevo del país, porque sería un secuestro”. Y eso es lo que ha pasado aquí, pero al revés. Como hace meses, cuando LaSexta nos vendía a una Madre Coraje que había secuestrado a sus hijos mexicanos. El caso se resolvió, sin muchos problemas, cuando todos volvieron a México, y a día de hoy respetan un régimen de visitas. Y ahora ha desaparecido con los niños.

La visión torticera de los medios está vendiendo que la Justicia quiere devolver a los hijos a su padre, cuando lo que se pretende es que los menores vuelvan al país de su nacionalidad —donde, por omisión de la madre, el padre es el único tutor lícito presente—. Se está diciendo que la madre ha “huido” para salvar a los hijos; en realidad, podría haber “huido” a cualquier parte de Italia —como pasó en el caso que mencioné— luchando hasta conseguir la custodia con un régimen de visitas —ídem—.

Y como decía mi profesor Luis Veres, a ETA les llamaban refugiados en Francia y terroristas en España. No vay a ser que “huir” y “secuestrar” estén apuntando a la misma cosa, y nos estemos tragando el eufemismo del periodismo amarillista de Antonio Soprano Ferreras, El Padrino de la sopa de medias verdades.

Entiendo las razones viscerales de mucha gente para defender a capa y espada a una madre que lucha por la custodia de los hijos, pero no por ello veo prescindible obviar razones legales en pro de los menores, ni tampoco minimizar la versión del padre como si su voz no contase —cuando no es sustituida por las opiniones de la progenitora—. Si un hombre es señalado como maltratador, violador o machista, poco tiene que hacer, haya o no hecho algo. Ferreras y cía. saben este tipo de cosas, pero prefieren el morbo a las razones objetivas, ávidos por subir su tarifa publicitaria incendiando audiencias. El maltrato afectivo es un asunto complejo, que debería considerar caso por caso, elaborar doctrinas jurisprudenciales al margen del interés político de turno o considerar una ley por supuestos bien redactada. Nos estamos ventilando, de un plumazo, dos milenios de praxis judicial, para el beneficio de la audiencia de los AtresMedios, que te arengan para correligionarte. Luego de que la mujer salga diciendo que le han partido la cara, te venderá maquillaje l’Oreal, porque tú lo vales. Y tus hijos también.

 

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2 thoughts on “Juana Rivas, y lo que no me cuadra

    • Pedro Cruz montesdeoca says:

      Es un caso calcado al de Minerva MARRERO, en Gran Canaria, que hace unos años hizo exactamente lo mismo, trayéndose a su hijo de Alemania y posteriormente presentando denuncia por violencia de género en un juzgado de Las Palmas de Gran Canaria. Al final, madre detenida y trasladada a Alemania junto al hijo sustraído. El hijo lo entregó la justicia al padre y de ella, pendiente de que la justicia alemana resolviera su caso, poco más se sabe.
      Lo que queda claro es que si una madre sustrae a los hijos es tomado socialmente como defensa legítima y si lo hace un hombre como un delito merecedor de cárcel y alejamiento perpetuo de sus hijos, de la madre de sus hijos y si puede ser, de la sociedad.

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