Púlpito

7 psicópatas en la política española

Psicópata es aquel incapaz de sentir por los demás. Funcionalmente, el psicópata es un depredador social que instrumentaliza su entorno para favorecer fines egoístas. Socialmente, el psicópata desarrolla una máscara afable y manipuladora que le da acceso a la culpabilidad de los demás. Personalmente, el psicópata busca los puntos débiles de sus allegados con la intención de explotarlos. En suma, el psicópata es un monstruo por constituir el enemigo número uno de los intereses generales.

Paradójicamente, esta actitud les alinea con la estrategia fundamental de la promoción social. Un psicópata goza de agallas infinitas para pisotear a quien le plazca con tal de escalar más alto. No es extraño que sea en los círculos directivos donde más psicópatas se puede encontrar. Y, por supuesto, la política no es un páramo libre de intenciones alcistas.

Diagnosticar a un psicópata no es fácil, ni todos los psicópatas son iguales. Pese a ello, hay ciertas actitudes que desvelan taras en la conducta, detalles de insensibilidad espiritual que me hacen pensar que ciertos políticos deberían someterse a un diagnóstico profesional.

 

Juan Cotino

El hombre Todo-Fachada, que a día de hoy aún carga (aunque no sobre su conciencia) con el incongruente accidente del metro de Valencia en 2006 como si fuese un Problema de Otros. Su inextinguible felicidad no casa con los crecientes casos de corrupción con los que se le vincula. Su inquietante bucle frase-pausa-sonrisa, con esos ojos abiertos e inexpresivos, denotan un proceso analítico que dista mucho de fluir naturalmente.

 

Sonia Castedo

Cercada por tratos de favor, esta púgil del panorama valenciano no muestra remordimiento. Con conversaciones telefónicas en las que se la unta con dádivas, acorralada por manifestantes durante un pleno de su ayuntamiento, conserva la frialdad necesaria para no dejar escapar microgestos; y la entereza para contraatacar en una situación en la que cualquiér ser humano decente se habría ido con el rabo entre las piernas.

 

Miguel Blesa

Un Al Capone curtido a dedazos. Amigo de Aznar, no sólo hundió un banco rescatado con dinero público y llevó al juez que le juzgaba a juicio; recientemente se ha descubierto que este amoral, junto a algunos otros, gozaba una VISA “Black” a la que el resto de mortales no estábamos autorizados. Un patán que hace nada se quejaba de que otros le quitaban la honra.

 

Carlos Fabra

El Gordo de la Lotería. Su familia, de tradición política, llega hasta este individuo con un ego capaz de justificar un aeropuerto sin aviones. Por cierto, está en la cárcel.

 

Jordi Pujol

Quien ocupó el onanismo intelectual de los amantes del Seny ha pasado, de la noche a la mañana, a ser el antiejemplo de la política que una Cataluña independiente desearía para sí. Tras mentir descaradamente a Jordi Évole, se descubre que toda la familia ha estado moviendo dinero sin declarar a Suiza. Preguntado, aún se mosquea. Tanto él como su mujer muestran una carencia de culpa hiriente a ojos del contribuyente.

 

Isabel Carrasco

En una democracia representativa, la Presidenta de la Diputación de León acumuló hasta doce cargos públicos donde debería haber doce personas. Su actitud altiva, amenazante y controladora jamás agradó a la prensa. Se le asocia con malversación de caudales públicos para pagarse operaciones estéticas. Su egolatría le llevó a intentar destrozarle la vida a su compañera de partido Triana Martínez González, cuya made enajenada acabó por matar a tiros a la presidenta. Según relatan, disfrutaba haciendo el mal.

 

Juan Carlos de Borbón

Del heredero de Franco por excelencia se ha especulado mucho. Hay quienes afirman que mató a su hermano a sabiendas, pues cuando le disparó en la cara ya contaba con instrucción militar. En plena crisis económica, fue descubierto cazando elefantes en África por diversión. Se le conoce una prostituta de lujo pagada y escoltada con recursos públicos, entre otras amantes a cargo del contribuyente y veladas por un pseudocristianismo de postín. De su inexplicable fortuna no se sabe mucho. Los que le conocen se han cansado, y los que han querido conocerle han acabado en juicio. Quien es sujeto receptor de tantos privilegios vitalicios ha actuado, al mismo tiempo, como un tirano hipócrita y malcriado que confunde sus privilegios con derechos inhalienables. Con todo, sin remordimiento.

Últimas palabras

Valga para mi relato que no soy un experto. Esto es un ejercicio que intenta demostrar la facilidad con la que agentes antisociales se infiltran en el tejido conjuntivo de un país y lo dinamitan con sus propios vicios. Esta gente no muestra arrepentimiento, ni nos hacen ver que no dormirán tranquilos, y es tan alto su ego que acaban por culpabilizar al resto de sus propias tropelías. A fin de cuentas, ninguno parece capaz de entender, por mucho que se les repita, que todo estaría mejor si ellos no estuviesen donde están. Son incompetentes cívicos, cuerpos tumorales en el órgano democrático.

Si consideras que alguno de estos personajes no debería estar aquí, “lo siento mucho, me he equivocado, no volverá a pasar”.

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