cine

Lock, Stock and Two Smoking Barrels

Tienes un amigo que sabe jugar al póker. Entre todos reunís 100.000£. La partida sale mal, y de pronto le debes al mafioso con peor sentido del humor cinco veces lo que habíais reunido. Tienes una semana para pagarle. Bienvenido a Lock, Stock and Two Smoking Barrels.

La película, de 1998, es del director Guy Ritchie, famoso por Snatch, donde recicló el estilo de ese trabajo con nuevo reparto.

Lo que más me impresiona es el ritmo argumental. El guión es multitrama, y eso hace que no quede espacio para la reflexión. Toda la película es un cúmulo de acontecimientos que se suceden y justifican unos a otros de forma impecable. Incluso si algo sucede por coincidencia, sabes por qué han coincidido: aparente casualidad, pero mera causalidad en el fondo.

¿Y qué es lo que mezcla? Pues a un grupo de deudores, a un grupo de ladrones, a un grupo de traficantes, a una banda de mafiosos cuyo jefe es el Rey del Porno, y a un grupo de mafiosos cuyo jefe es el hermano negro de Hannibal Lecter, a un par de matones, a un niño aprendiz de camorrista, al padre-barman de uno de los protagonistas, a un par de ladrones de poca monta…

Otro punto fuerte del film es el montaje: planos obtusos, aceleraciones y deceleraciones, y una construcción musical acorde a las situaciones. Pero si sólo fuera esto habría un vacío llamado fotografía. Teniendo en cuenta que es una película negra, se ha optado por darle esos colores a la cinta, incluyendo además un granulado que acompaña a toda la película, así como una composición impecable de los planos, respetando los tercios, y una iluminación centrada en los objetos importantes.

Algo que me ha resultado curioso es la ausencia de mujeres. Que yo recuerde, sólo aparece una, o al menos es la única que tiene un papel secundario (por no hablar de terciario o extra). Y me llama la atención porque, o el guion peca de machista, o el guionista, inconscientemente, peca de machista.

Otro aspecto a destacar es el uso justo que se les da a las armas. Si bien hay muchos disparos, la película no basa todo su funcionamiento en éstas. Es decir, que la historia no avanza a base de tiros hasta que no llega el momento climático. Incluso se permiten algún guiño, como es matar a alguien con un hacha arrojadiza (algo que, siendo realistas, no tiene ni pies ni cabeza cuando vives en un polvorín llamado Londres).

En definitiva, una película que no aburre ni visual ni argumentalmente, llena de ironía y con una violencia acorde a sus circunstancias. Además, te echas unas risas.

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